Reservoir Dogs… Ironía, sadismo y crítica introspectiva

Vìctor Piñero

La película Reservoir Dogs o Los Implacables por su título en español, es un intento más del célebre director Quentin Tarantino de hacer una crítica irónicamente halagadora a la violencia. Tarantino, siempre acostumbrado a su doble rol de director y productor, maneja hábilmente su papel de crítico y seguidor de este género fílmico y de esta actitud humana. La violencia encuentra en este film el podio sobre el cual enseñar su magno, pero insulso poderío.

Las escenas de la película son invariablemente amenizadas con un altísimo contenido de violencia física, verbal y psicológica, que van de la mano de una exacerbada lentitud en las secuencias, lo que termina por ralentizar las situaciones. El argumento principal, basado en la reunión de los “mejores ladrones” para un gran asalto, permite el desarrollo de sub tramas que pretenden mostrar lo que tradicionalmente muestran las películas del género: al “simpático y buen ladrón”. El relato muestra a su vez como detalle particular, los súbitos saltos en el tiempo. Contada de manera inversa (de atrás hacia delante) la historia atrapa al espectador obligándolo a seguir la trama hasta el final/principio, para poder entender el principio/final.

La musicalización juega un papel fundamental en un aspecto específico del audiovisual, la ambientación entendida desde dos ópticas: la de la época histórica en la que se suceden los hechos (los años 70/80), y la de la situación o el ambiente creado por la realidad y personalidad de sus personajes. El sonido por su parte intenta ser meticuloso y detallista al recrear cada uno de los movimientos y situaciones (por más ínfimos que parezcan) que dan forma a la trama.

El lenguaje es empleado como arma de crítica hacia tres puntos: hacia el género fílmico por su exceso incongruente de violencia verbal, hacia la realidad violenta de la comunidad estadounidense, y finalmente hacia el propio director y su creación por haber creado un guión tan “rico” en palabrotas, y este es precisamente el punto donde Tarantino parece convertirse en genio.

La escenografía, el vestuario y la utilería no hacen más que situar al espectador en una época. Sin embargo hay que destacar la utilización de colores pálidos, como gastados en las imágenes, fondos, escenografía y utilería; además de los eternos blanco y negro para los personajes principales.

Los protagonistas, los señores Blanco, Castaño, Rosado, Azul, Naranja y Rubio, interpretados por Harvey Keitel, Chris Penn, Steve Busceni, Eddie Burker y el propio Quentin Tarantino, son irónicas alegorías a un género exitoso pero decadente que el director pretende rescatar atacando y reconstruyendo constantemente. La comicidad irónica de sus acciones y personalidades parece abofetear al creador, a sus antecesores y al mismo espectador con una bocanada de realidad y crítica abstracta. La contradicción es pieza clave en el desenvolvimiento de los personajes, lo cual se ve expresado por ejemplo en la escena en la que el policía infiltrado mata a una civil para quitarle el carro. Pero además la perversión violenta y la deshumanización se ven cruelmente reflejadas en escenas como aquella en la que uno de los ladrones le arranca la oreja a un policía.

La iluminación natural parece ser la pieza clave en las tomas, que se muestran reales, casi como descuidadas. Sin embargo la iluminación artificial muestra su faceta más interesante cuando ayuda a crear un ambiente underground, decadente y setentoso en la escena de la discoteca. Son precisamente escenas como esa las que ayudan a marcar una especie de ambiente trash, como sucio y decadente en la producción.

En cuanto a plano y tomas se puede decir que la película no hace gran cosa por diferenciarse del resto. Planos generales, intentan describir las situaciones; planos medios ayudan a seguir acciones y primeros planos muestran las sensaciones y emociones de los personajes. Todos manejados de manera limpia pero bastante tradicional.

Los movimientos de cámara siguen también la misma línea de las tomas y los planos, siendo bastante tradicionales. La mayoría de estos movimientos son simples travelings que manejan de manera sutil las situaciones planteadas ante el espectador.

Rservoir Dogs es una muestra más del ya conocido sentido estético y filosófico de Tarantino. Es en resumidas cuentas una digna obra de su multifacético creador, es como él, un manojo de contradicciones.